Desterrada de su cabello,
deambula por la vida
con el portento
de una fiera yegua,
trasgrede la sumisión.
Es una mujer que se asume
en su circunstancia,
no doblega su rebeldía,
su espíritu se alimenta
de los claroscuros de la luna.
La mujer des-cabellada
adquiere del viento
esa fuerza telúrica
que le hereda
el poderío de una hechicera
capaz de conjurar
los atavismos.
Su corazón fluctúa
entre la razón
y la sin razón.
Libre de ataduras
una mujer des-cabellada
sobrevuela,
ha encontrado a la otra
que la habita.
Perla Schwartz
Marzo 2011

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