LA SECRETARIA
Por Alejandra Oyosa
Guadalajara, Jalisco
¡Hola! Soy Perla, tengo 20 años y vengo por el empleo de la secretaria particular.
Bueno, terminé la secundaria, eh, tengo disponibilidad de horario, soy joven, sé lavar,
sé planchar, sé muchísimo de cosméticos.
Estoy dispuesta a hacer todo lo que ustedes me digan.
Una pendiente siempre-hacia-abajo, en constante decadencia, que el dramaturgo español José Ruibal, autor original de esta obra de teatro, ironiza como “ascensos” que están relacionados con la acumulación de años y el tránsito de la juventud a la madurez y de ésta a la vejez. Descender un piso, otro más, dos, tres, hasta que la presencia de “la secretaria” es innecesaria, no hay donde ponerla, nadie la quiere y su experiencia no tiene lugar, ni siquiera con el “Menos que nada”.
Perla es la secretaria que retrata Ruibal y que adapta Daniela Casillas Castellón, también directora de esta obra que se presentó en el Ex Convento del Carmen, en Guadalajara, durante los sábados y domingos del mes de marzo de 2012, en su segunda temporada.
Este monólogo tiene elementos mínimos de escenografía: un escritorio que con el transcurso de los años, y los “ascensos” de Perla, se empequeñece de forma gradual, así como un perchero en el que cuelga un saco, que comienza por ser muy alto, como el “Súper Gerente”, primer jefe de la secretaria, y termina en una estatura promedio, para emular al “Menos que nada”, último jefe de Perla y en el nivel más bajo del escalafón.
Gabriela Pescador da vida a la secretaria y también a la narradora, quien lleva el hilo conductor de la obra. La actuación de Pescador Hernández es convincente y con los matices justos para el ir y venir entre ambos personajes. Ante la complejidad de representar a una secretaria que transita desde los 20 hasta los 65 años, la actriz realiza un manejo extraordinario de la corporalidad y la voz, con un vestuario típico de este puesto, una falda corta, una blusa y zapatillas de tacón, además de hacer cambios de peinado que fortalecen su actuación.
La edad, el género y el cuerpo son los elementos más importantes en la adaptación de Casillas Castellón y están presentes en el maquillaje, la postura del cuerpo de “la secretaria”, su voz y el desplazamiento sobre el escenario. La segregación y los estereotipos de género y ocupacionales, la desigualdad, la nula valoración de la experiencia y la edad como algo-que-estorba, están presentes en este monólogo, reforzados con datos acerca del trabajo de las mexicanas y su importancia en la economía familiar y del país.
Finalmente, considero importante destacar que tanto la actriz como la directora son mujeres jóvenes que decidieron retomar un texto escrito en 1968 para realizar una crítica a lo que aún sucede con este puesto de trabajo, permeado por los “deber ser”, por estándares de belleza que no se han modificado tras cuatro décadas y que continúan restringiendo las oportunidades laborales para quienes tenemos 35 años o más. Sí, mucho ha cambiado en este tiempo, pero en realidad todo sigue igual y como Perla hay miles de mujeres en la ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, en este país.
*Daniela Casillas y Gabriela Pescador pertenecen al Colectivo Transeúnte
** Con este monólogo, Daniela Casillas fue becaria del programa de estímulos como Joven creador 2011
AQUÍ SIGO
Patricia Karina Vergara Sánchez
Como ramita seca,
algo se me parte, de a poquito,
cuando tantas hacen maletas
o no las hacen, pero igual se van.
Yo no me marcho,
cuando tantos ya no viven aquí.
Me niego al exilio,
aun cuando ya sé que a cada paso
amenaza la presencia del déspota;
la bestialidad del tirano;
las huellas del desamparo.
Ante los rostros en las fotos del diario
de los fantasmas de 45, 46, 60 mil.
Cada día, mujeres, hombres, niñes,
que aquí no se llaman asesinadas,
dice el presidente que son daños colaterales.
Me quedo,
a mirar las ruinas de lo que eran
sueños tan sencillos, de sosiego,
como el desayunar cada día
con un trozo de pan fresco,
tal vez con mermelada de durazno.
Ilusiones tan simples
como ir a la escuela sin miedo
de ser desaparecida, como otras, al regreso.
Buscar en el periódico los anuncios
de empleos; de maestra de teatro,
para vender hamburguesas, naranjas
o cualquier otra cosa.
Ambiciones tan desbordadas
como contar con dos monedas
para invitarte un helado
comprado en la tienda de la esquina.
O, dormir tranquila la siesta
con tus piernas tibias entre las mías.
Me sostengo aquí.
Aún en contra del terremoto,
de los brazos cansados,
del monedero vacío.
En contra de las traiciones.
De los acomodaticios,
que nunca faltan.
Mirando a los ojos de los milicos,
que ocupan las calles y dan miedo,
rostros grabados en la infancia de mi niña,
que no juega en los parques.
Reclamado a los represores,
por todos los que han sido golpeados
por todas las que nos faltan,
conteniendo a los machos
que se sueñan héroes de guerra..
Todos juntos, esos que no se enteran
de lo tarde que es ya en este siglo.
Pues así, así y todo:
No renuncio.
No me marcho.
No me marcho.
Porque la esperanza para mi tierra
es para construirla mía.
Más alimento que los alimentos.
Más hermosa que el paraíso,
de nubes blancas, a la obediencia
que ofrecen los vendedores de cruces
para cuando yo muera.
Porque ni los plantadores de miedo,
ni todo su horror,
pueden combatir la certeza
que da el llamado de la Pachamama.
Yo sé que el único lugar al que puedo ir
es hacia este grito en el viento.
ARTESANA DE CORAZONES
Rosie Simón
Esto no es un cuento, ni pretende serlo, es la historia de mi vida elaborada a mano en un cántaro de barro negro, quizás pueda decir que soy una “mujer” aunque no entiendo que significa esa palabra o por qué me llaman “mujer”, tal vez porque tengo una vulva hermosa y rosada, con unos labios carnosos o puede ser porque me visto con un delantal morado que me regalo mi abuela Tere.
Es difícil definirme, lo que puedo decir es que soy artesana. Hago cántaros para agua, ceniceros, floreritos, pero lo que más amo es hacer corazones, y es porque mi abuela Tere me enseño desde pequeña cómo darle la forma ovalada para me queden como pieza única, ella decía- Hay que sentir lo que haces con las manos, hay que rezar para que no se rompa porque es como la vida, la vas amasando y tu solita le vas dando forma-. Como extraño platicar con mi abuela Tere, su chocolate caliente con pan de yema y la forma en que alisaba sus corazones y los metía al horno.
Mientras atizaba el horno me contaba- Cuando era niña me prohibían acercarme a la mina de barro, porque decían que si una mujer entraba, el barro se secaba y la mujer se quedaba ahí como ofrenda-. Me miró fijamente y entre sollozos me dijo: -Nunca te acerques a la mina, júrame que no lo harás-. Cerré los ojos y negué con la cabeza, pero mi curiosidad era inmensa.
-Hace muchos años que guardo esto en mi corazón, no he querido contarlo por pena, pero más porque me han enseñado que las mujeres debemos aguantar- Un suspiro corto su voz y me quedé quieta mirándola.
Mi mamá Rosa fue la mayor de tres hermanos y la única mujer, siempre alegre con una sonrisa chillona , ojos azules ,cabello oscuro trenzado, piel clara, mirada profunda y carácter fuerte, un espíritu salvaje se podría decir, mi abuelo la adoraba y siempre se la llevaba al campo mientras cuidaban los chivos y las vacas. A mamá Rosa le gustaba recoger chapulines y meterlos en un morral. Un día caminó hasta el Sabino persiguiendo un chapulín y sin darse cuenta se había alejado tanto que se perdió. Corrió hacia el cerro de la mesita, encontró muchas azucenas y el aroma la hizo sentirse en el cielo. De pronto miró un ave negra que volaba sobre un mezquite, era hermosa como un ruiseñor, se acercó de poquito en poquito para no espantarla y se quedó a mirarla hasta que cayó el atardecer. El sol se escondió y un miedo la invadió, quiso correr y buscar al abuelo pero una espina había atravesado su talón izquierdo, el frio le entumía las manos, el pie le punzaba, así que se recargo junto al mezquite y se quedó dormida.
Un relinchar la despertó y miró perpleja una manta que la cubría mientras la llevaban a un lugar desconocido, ahí se perpetuó con frialdad el acto más ruin, le quitaron su enagua, le metieron un machete en su concha y arrancaron sus trenzas. Mi mamá Rosa tenía tu edad y después de eso ya no volvió a sonreír. – ¿A dónde la llevaron abuela Tere?- pregunté.
Así es como encontraron la mina de Barro Negro, nunca vayas ahí Rosita prométemelo, por la memoria de Mamá Rosa- Te lo prometo abuela, te lo prometo- Afirmé con un gesto de asombró.
Seguimos amasando el barro y dándole forma a los corazones, un poco de agua y un poco de lágrimas, mi abuela deslizaba el pedazo de jícara para raspar el corazón y con coraje me decía: -Es necesario raspar con fuerza hasta que quedé liso, porque solo así desaparecen los huecos, sacamos las piedritas y sanan las heridas.
Sobre el II Encuentro Mesoamericano de Estudios de Género y Feminismos
Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com
Durante el cuatro, cinco y seis de Mayo de 2011 algunas salas y auditorios de un hotel en Guatemala llamados como varones participantes en la conquista de la región, tuvieron un renombramiento simbólico y llevaron los nombres de las primeras mujeres guatemaltecas reconocidas por la academia. En dichos espacios se llevó a cabo el II Encuentro Mesoamericano de Estudios de Género y Feminismos, para el cual se esperaba la inscripción de unas cuatrocientas personas, pero se superó la cifra estimada con la participación de casi setecientas mujeres y algunos hombres.
Se trató de un encuentro académico, a diez años de haberse llevado a cabo el primero de este tipo, cuyos objetivos fueron hacer un balance crítico de lo que ha pasado con los estudios de las mujeres, de género y de los feminismos, fortalecer el desarrollo de dichos estudios en las instituciones de educación superior y de investigación, así como intercambiar experiencias entre académicas y mujeres que están promoviendo procesos de lucha por los derechos y la justicia para las mujeres en distintos ámbitos.
Se llevaron a cabo trece mesas de trabajo organizadas bajo diferentes ejes en tres dimensiones de análisis: dimensión simbólica; dimensión de organización social, política y de participación y dimensión de organización económica y medio ambiente. Las mesas fueron variadas y apasionantes: comunicación, historia, salud, educación, ciudadanía y participación política, trabajo, desarrollo y otros. Sin embargo, por razones de espacio, en las líneas siguientes sólo mencionaré algunos de los lugares de discusión más concurridos:
Las mesas del Eje Feminismos descoloniales y poscoloniales: otras epistemologías en donde, entre otras, mujeres afrodescendientes y provenientes de pueblos originarios, mayas en su mayoría, presentaron ponencias en las que hicieron explícita y de forma contundente la fuerza de una voz en donde no somos ya el objeto de estudio si no que estamos haciendo teoría, teoría de género, teoría feminista, teoría de estudios de las mujeres y a partir de estas ponencias se discutió en las mesas el cómo no siempre las propuestas de comprensión que vienen de Europa y Estados Unidos sirven como herramienta para el análisis de las realidades mesoamericanas. Igualmente, fue visible el que una parte importante del pensamiento feminista se produce desde mujeres que participamos en la academia, pero también en los movimientos feministas y movimientos sociales por lo cual la división academia-militancia es una línea que en ocasiones resulta muy tenue. Así mismo, desde la autonomía feminista se propuso no dejar de mirar críticamente los impactos de la neocolonialidad, por ejemplo, en la intervención de la cooperación internacional. Finalmente, una de las tareas que se identificaron como pendientes de atención fue el legitimar estas teorías que aportamos las mujeres latinoamericanas, reconocer a las mujeres que estamos produciendo, la producción desde las mujeres indígenas y esta toma de la palabra para trabajar en una genealogía feminista que reconozca estas construcciones.
En las mesas del Eje de Políticas de control del patriarcado y Violencia contra las mujeres, la propuesta de trabajo giraba en torno al reconocimiento de las causas de la violencia y de búsqueda de estrategias para erradicarla. Se comenzó discutiendo el cómo el patriarcado instala el terror en nuestros cuerpos y en nuestras mentes, el cómo la explotación laboral está marcada por los afectos de las mujeres usados desde el capital para disciplinar la mano de obra. Se planteó una crítica feminista para no seguirle el juego al poder en la lógica del derecho liberal, pero también la necesidad de crear estrategias ante él, por ejemplo, cuando las mujeres podemos estar en situación de prisión por elegir sobre nuestros cuerpos y la importancia política de tipificar el feminicidio. Igualmente, se abordaron los asesinatos de mujeres en el contexto de la guerra contra el narcotráfico con la consecuente invisibilización del feminicidio. Se hizo visible la necesidad de nombrar la violencia como patriarcal contra las mujeres para nombrarla en su marco estructural –Ahora, en el contexto de la globalización-, también la violencia que ocurre dentro y fuera de las casas, en la migración de mujeres, en la trata, en la violencia institucional como cuando ocurre la represión a mujeres en procesos de resistencia, de desalojos y en lucha por los recursos naturales, por dar algunos ejemplos. Las tareas que se hicieron visibles fueron identificar las nuevas expresiones de violencia patriarcal; concebir la lucha por la erradicación de la violencia en formas que trascienda los límites de este sistema pues el sistema mismo es el que produce y reproduce la violencia como forma de poder, por lo cual no es posible pedirle que erradique la violencia, porque sería pedirle que se elimine a sí mismo y, en forma concomitante, encontrar formas de justicia planteadas no desde el derecho liberal, si no desde el feminismo.
Otro aspecto interesante del Encuentro fue que en el reconocimiento de las variadas formas y dimensiones de acercarse al conocimiento se plantearon dos ejes que también tuvieron una numerosa asistencia:
El eje Cuerpos, Sexualidades y Espiritualidades que no fue planteado en el encuentro llevado a cabo hace una década y tampoco lo ha sido en otros espacios académicos, por lo que se convirtió en un reto conceptual/teórico para las ponentes y asistentes a estas mesas de trabajo en donde se partía de la forma en que el patriarcado se ha apropiado de nuestros cuerpos, sexualidades y del trabajo de las personas, hasta de los territorios y los saberes ancestrales, por lo cual se reflexionó acerca de la importancia del cuerpo como territorio político, la sanación de los cuerpos como un modo de recuperar la palabra de las mujeres y el intercambio entre las mujeres mismas, así como la memoria corporal viva y la experiencia vivida desde los cuerpos sexuados femeninos como legítimo saber político y feminista.
En el Eje de Arte y Literatura, desarrollado en ocho mesas y un conversatorio, se concibió la escritura como un espacio de práctica política de las mujeres, se reconoció la importancia de los estudios sobre las letras que nosotras escribimos y sus posibilidades de crear discursos, imaginarios y lenguajes nuevos, se planteó como una propuesta emancipadora poderosa ante la hegemonía simbólica patriarcal.
El Encuentro concluyó con una relatoría de los trabajos realizados en las mesas y con una declaratoria en donde, desde el compromiso feminista con lo que sucede en nuestra región, se manifestó en causa común con las feministas y el pueblo hondureño en resistencia, así como en solidaridad con México ante la impunidad y la militarización que están costando miles de vidas en el país.
Uno de los últimos párrafos de la mencionada declaratoria expresa:
“Las feministas académicas no estamos desvinculadas de la realidad, no somos ajenas a la cotidianidad, ni a las luchas sociales, porque nos desmarcamos de la pretendida neutralidad de la ciencia, porque apostamos a crear otras epistemologías, a reconocer todos los saberes -desde nuestras cosmovisiones, desde la academia, desde la cotidianidad- que nos conforman como humanidad”.[1]
Así, casi setecientas mujeres académicas y feministas durante tres días intercambiamos experiencias, planteamos acuerdos y desacuerdos respecto a los paradigmas desde los que pretendemos comprender e incidir sobre la realidad, reafirmamos nuestro desacato ante las formas de concebir el saber que pretenden la universalidad y las miradas que nos tratan de convertir en otredades, objetos de estudio, y tomamos la voz como sujetas de conocimiento y reconocimos, nuevamente, nuestra autoridad epistémica. Al mismo tiempo, compartimos las formas y estrategias desde las que interpelamos a los sistemas de poder en la defensa de nuestras vidas y libertades, pero también enunciamos la necesidad de trascender estos sistemas que nos resultan injustos e insuficientes y buscar otras formas de concebir y hacer al mundo.
*Blog del II Encuentro Mesoamericano de Estudios de Género y feminismos (2011): http://estudiosdegeneroyfeminismos.blogspot.com
**Audios del II Encuentro Mesoamericano de Estudios de Género y feminismos en Radio Internacional Feminista:
[1] II Encuentro Mesoamericano de Estudios de Género y feminismos (2011). “Declaratoria” en http://estudiosdegeneroyfeminismos.blogspot.com/2011/05/declaratoria-ii-encuentro-mesoamericano.html
DESDE LOS MÁRGENES: OTROS LUGARES DE ENUNCIACIÓN
Por Rosie Simón
COLONIALISMOS, GOBERNABILIDAD Y FEMINISMOS POSCOLONIALES
DE LILIANA SUÁREZ
¿Desde donde hablamos? ¿Cómo categorizamos “lo otro”? La autora nos cuestiona desde cómo generar un conocimiento situado, reflexionar sobre las secuelas del colonialismo en el ejercicio del poder y la producción de subjetividades.
La consideración de las mujeres como objeto de explotación o subordinación, más que agentes activos conscientes de sí mismas y de su entorno, hace del feminismo una visión civilizadora que se pone en marcha sin preguntar a las mujeres afectadas (Suárez,2008:40). El feminismo de la Ilustración nace a partir de la exclusión del proyecto de ciudadanía y a la vez en el debate de naturaleza/cultura, este feminismo fue considerando las categorías de subordinación y exclusión como universales.
Así mismo Suárez menciona que la gobernabilidad colonial instituyó como lógica de gobierno (como su legitimación) la inferioridad del “otro” colonizado. Vemos como el Occidente desde su mirada ha categorizado a Oriente como atrasado, primitivo e inferior. Esta lógica ha abarcado varios países considerados del “tercer mundo”.
La tensión entre la exotización del otro y la normalización de lo occidental está presente en las bases de las ciencias sociales y de proyectos como el feminista (Suárez,2008:32). Habría que preguntarnos ¿Cuánto hemos leído sobre nuevas categorías que son construidas desde los márgenes? Sí nos mantenemos aun en prácticas colonizadoras desde el discurso hegemónico.
Esta cultura hegemónica mantiene vigente un colonialismo discursivo, fuertemente enraizado en sus propios códigos sintáctico-lingüísticos, que a través de sus representaciones, acaba por homogeneizar y desnaturalizar las diferencias identitarias producidas en distintos contextos histórico-geográficos.
El énfasis en las lógicas, las técnicas y la construcción de subjetividades coloniales nos permite explorar el modo en que el feminismo ha sido parte de las lógicas de gobernabilidad de los “Otros” como sujetos construidos en esta lógica de gobierno (Suaréz,2008:34). Vemos como en países como México o Latinoamérica se han permeado estos sistemas de gobierno y que muchas veces son excluyentes de lo que consideran “lo otro”.
El estudio de “otras culturas” desde la Antropología y la Sociología se ha hecho desde esa visión hegemónica, desde teorías Occidentales que han obstaculizado la experiencia y muchas veces la producción teórica del tercer mundo.
Como menciona la autora el mecanismo opera a través de la acción conjunta de la homogeneización del sujeto estudiado, y el reduccionismo y la dicotomización en el análisis de las relaciones de poder.
En verdad, ¿vemos a las mujeres (indígenas, negras, lesbianas,etc.) como seres conscientes, sujetos de estudio y con un discurso propio? o ¿somos las traductoras que seguimos teniendo el poder? Hay un efecto colonizador que se manifiesta en la cosificación de las mujeres, determinándolas como víctimas del sistema patriarcal de sociedades no occidentales, más que con agencia y conscientes de su entorno.
Mujeres feministas pertenecientes a colectivos situados en los márgenes de los activismos feministas dominantes denuncian el modo en sus intereses son cooptados por el feminismo “blanco” por una parte, y por otra cómo las representaciones de las mujeres marcadas por la diferencia étnica son racistas, y les restan poder a las mujeres (Suárez,2008:44). Es preciso señalar la importancia de la descolonización del feminismo, el reconocimiento a nuestro conocimiento situado como dice Donna Haraway, no seguir mirando con los ojos de occidente y crear categorías desde la experiencia que nos permitan darle reconocimiento no solo a la teoría sino también al activismo.
Ciertos Olimpos
Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com
Vestida con tu blanca toga
de tela maquilada para primer mundo.
Escribes en electrónico desde la razón,
las razones por las que yo no existo.
Sentada en un pequeño espacio libre
de tu mesa abundante de alimentos
buscas la cita exacta y encuentras, afanosa,
las categorías, ciencia, teoría que explican
el cómo soy performatividad pura,
que ocupa mi saber, mi cama, la vida mía.
Por ello, no soy capaz de la trascendencia
hacia la humanidad.
En tanto, mi padrastro me prende fuego
en un rincón del Estado de México
Mi familia es silenciada por hablar de justicia
ante mi féretro de terror
Me comí a mis crías y voy andando,
siguiendo rumbo norte en el desierto.
Me muero aquí o de hambre injusta.
Escribes verdad: mujer es un término
sin sentido lógico ni pertenencia.
Esta carne ya fue desmembrada
y mis huesos quebrados, desperdigados.
Mi palabra no tenía valor profundo,
nada significa ahora para ti.
Cuando comenzaba a dibujarme,
en múltiples visiones concatenadas,
Me has borrado con un sólo gesto
de mecanografía.
Tú te vuelves más blanco, prestigioso.
Cada vez más sabio, megáfono de Foucault.
Sin embargo, me hacen falta más, mucho más
de dos teorías pretendiendo explicarme
que el dolor es mera construcción cultural.
¿Es, acaso, una forma distinta de placer?
Para demostrar mi falta de sofisticación,
de comprensión y actitud postmoderna
es necesario se cuantifique con rigor exacto
los segundos que dura mi agonía.
Yo pongo este cuerpo. Tú haces ciencia.
Todo es cuestión de desandar la hipótesis.
Pronunciarse en la variable.
Despejar a empellones las puertas del recinto.
Traer espejos grandes ante tu rostro:
¿Qué miras?
¿Puedes reconocerte en este rictus?
pakave@hotmail.com
Vestida con tu blanca toga
de tela maquilada para primer mundo.
Escribes en electrónico desde la razón,
las razones por las que yo no existo.
Sentada en un pequeño espacio libre
de tu mesa abundante de alimentos
buscas la cita exacta y encuentras, afanosa,
las categorías, ciencia, teoría que explican
el cómo soy performatividad pura,
que ocupa mi saber, mi cama, la vida mía.
Por ello, no soy capaz de la trascendencia
hacia la humanidad.
En tanto, mi padrastro me prende fuego
en un rincón del Estado de México
Mi familia es silenciada por hablar de justicia
ante mi féretro de terror
Me comí a mis crías y voy andando,
siguiendo rumbo norte en el desierto.
Me muero aquí o de hambre injusta.
Escribes verdad: mujer es un término
sin sentido lógico ni pertenencia.
Esta carne ya fue desmembrada
y mis huesos quebrados, desperdigados.
Mi palabra no tenía valor profundo,
nada significa ahora para ti.
Cuando comenzaba a dibujarme,
en múltiples visiones concatenadas,
Me has borrado con un sólo gesto
de mecanografía.
Tú te vuelves más blanco, prestigioso.
Cada vez más sabio, megáfono de Foucault.
Sin embargo, me hacen falta más, mucho más
de dos teorías pretendiendo explicarme
que el dolor es mera construcción cultural.
¿Es, acaso, una forma distinta de placer?
Para demostrar mi falta de sofisticación,
de comprensión y actitud postmoderna
es necesario se cuantifique con rigor exacto
los segundos que dura mi agonía.
Yo pongo este cuerpo. Tú haces ciencia.
Todo es cuestión de desandar la hipótesis.
Pronunciarse en la variable.
Despejar a empellones las puertas del recinto.
Traer espejos grandes ante tu rostro:
¿Qué miras?
¿Puedes reconocerte en este rictus?
COLABORACIÓN POÉTICA DE
Jezabel Luján
LA NACIÓN DE LAS MUJERES ENCUERADAS
Jezabel Luján
Arrebato
Una tormenta arriba a mi pecho
procuro ser cauta,
intento guarecer mi resto de sol.
Estas nubes que oscurecen mi alma son, sin embargo... suaves.
No cambia el hecho de que quizá me empapen,
que me provoquen frío, quizá hasta enferme.
Mis labios, otrora serenos,
áridos, pero en indolente calma,
tiritan,
se humedecen,
gritan,
¡gimen!
Tanto cielo y subitamente
...la luz,
...el relampago
me convulsiona.
Brilla cada gota, que se posa sobre mi cuerpo,
ya no ruego más porque el arrebato del que soy sujeta cese.
Lo cierto es,
que tarde o temprano
la tediosa claridad de lo cotidiano;
llegará.
Una tormenta arriba a mi pecho
procuro ser cauta,
intento guarecer mi resto de sol.
Estas nubes que oscurecen mi alma son, sin embargo... suaves.
No cambia el hecho de que quizá me empapen,
que me provoquen frío, quizá hasta enferme.
Mis labios, otrora serenos,
áridos, pero en indolente calma,
tiritan,
se humedecen,
gritan,
¡gimen!
Tanto cielo y subitamente
...la luz,
...el relampago
me convulsiona.
Brilla cada gota, que se posa sobre mi cuerpo,
ya no ruego más porque el arrebato del que soy sujeta cese.
Lo cierto es,
que tarde o temprano
la tediosa claridad de lo cotidiano;
llegará.
Este fragmento surgió de un juego de escritura automática, a partir de la palabra ESCALOFRÍO por lo tanto... no tiene título<<Celín, rica voluptuosa;
trabaja en piedra
-cosa senil pero "nice"- opina ella.
De sus manos y el cincél brotan caricias,
ópalos acá... eróticos cuerpos,
lince/acacia; amantes en pleno celo.
arte a veces sensual, otras... tedio.
trabaja en piedra
-cosa senil pero "nice"- opina ella.
De sus manos y el cincél brotan caricias,
ópalos acá... eróticos cuerpos,
lince/acacia; amantes en pleno celo.
arte a veces sensual, otras... tedio.
LA NACIÓN DE LAS MUJERES ENCUERADAS
Cada mañana y antes de que suene el despertador, Maya, quien tiene 9 años y ojos brillantes color miel, se levanta de su cama vestida sólo con calzones. Sacude a la pequeña Luna de cuatro años para que abra sus grandes ojos inteligentes y se levante de la cama contigua, también en calzones, a iniciar el día.
Luego, pasa a la recamara en donde sus dos mamás duermen despatarradas y encueradas en la misma cama. Procura hacer todo el ruido posible para que ese par de perezosas comiencen a entreabrir los ojos, se den un beso y se acaricien con los buenos días. Así comienza el ir y venir de las desnudeces en casa.Una madre no tiene ropa porque está a punto de bañarse, otra porque salió de la regadera, Maya no se puede vestir porque no encuentra su ropa limpia y Luna porque su mamá no viene a ayudarle.
Por fin, son diez minutos antes de las ocho y las niñas salen, ya vestidas, corriendo a la escuela. El jardín de niños y la escuela primaria están dentro de la misma unidad habitacional donde Maya y Luna viven, así que están ahí todos los vecinitos y las verdades inocultables de sus familias de origen. Por ejemplo, el que vive con una madre violenta; el que tiene un padre alcohólico; la familia que tiene problemas económicos y, el que, según murmuran en su desconocimiento, es el peor y más sucio de todos los casos: Las niñas que tienen unas mamás lesbianas, que, por cierto, son ellas.
Al principio era un rumor vergonzoso que corría entre cuchicheos y miradas suspicaces. Después, ante el descaro de esas mujeres que, sin pedir permiso a nadie, se atrevían a estar viviendo juntas, fue una sorpresa anonadada. Con el tiempo, el chisme fue perdiendo su sabor. Nunca se confirmó aquello de las grandes orgías que organizaban, ni ritos satánicos, ni las hijas aparecieron nunca descuartizadas. Es más, estaban al corriente en sus pagos de mantenimiento comunal y ni siquiera tiraban basura en la calle.
Las vecinas, tan bien interesadas en el suceder ajeno, comenzaron a ocuparse de temas más importantes. Por ejemplo, el de la señora de la tienda que le ponía los cuernos a su marido con el chofer de un microbús. Los compañeritos de la escuela se fueron acostumbrando a la idea de que para el diez de mayo ellas elaboraban dos regalos y eso era todo. Así, las hijas y sus peligrosas madres pudieron respirar tranquilas un buen tiempo.Hasta que…bueno, siempre hay un hasta que…un día llegó una niña nueva a la primaria. Se llamaba Azul: pícara, lista, desgarbada y desaliñada. Se ganó en un segundo el corazón y la amistad eterna de Maya. Además, resultó que era la vecina recién instalada en la casa cercana y eso las volvió inseparables. Azul comía, desayunaba, cenaba, veía tele, hacía la tarea e iba al cine con la familia de Maya.
Azul que vivía con su padrastro, su madre y un hermanito consentido, prefería estar en ese lugar donde no se gritaba, ni maltrataba, ni se le ponía al servicio del varoncito de la casa. Era el país de las mujeres que trabajaban, reían y parecían felices. Lo único raro que tenían era que gustaban de ver capítulos viejos de Xena en televisión. Lo que más le gustaba, era que le contaban que todas las niñas eran fuertes y guerreras, que podrían hacer en su vida todo lo que ellas soñaran. Ella decía que ir a esa casa era como visitar otro país. Nación en donde se sabía aceptada y querida. Un país con reglas distintas, pero que le agradaban.Un día: Azul y Maya estaban en los columpios, mientras las mamás y Luna jugaban un poco más adelante con una pelota.
Cuando el columpio volaba, Azul preguntó:
– ¿Qué es una lesbiana?Y Maya respondió:
- Lesbiana es una mujer que está enamorada de otra mujer.- ¿Tu mamá es lesbiana?
- Mi mamá es lesbiana.
- ¿La mamá de Luna es lesbiana?
- Es lesbiana.
- ¿O sea que… son novias?
- O sea que… son novias.
- ¡Ah!Siguieron columpiándose hasta que se hizo de noche.
Pasaron un par de meses poblados de carreras en bicicleta, congeladas de fresa y yogurt ante el televisor.
Un sábado por la mañana, Azul no llegó a desayunar. Todas pensaron que estaría enferma y esperaron. El domingo tampoco llegó. El lunes en la escuela no dirigió a Maya ni siquiera una palabra y secreteaba, como los adultos mal intencionados, con otras niñas. Mirando de lejos y dejando en el vacío ominoso a su ex amiga. A la salida entregó un papelito lapidario:
Mi ma ya me digo que tus mamás son malas y lla no me voy a juntar contijo por que me pueden aser algo adios
Maya perdió por muchos días su sonrisa, sus ojos no brillaban y miraba con la nariz embarrada en el vidrio de la ventana a Azul que jugaba en su respectivo jardín.
Las mamás pasaron por un ardor terrible en el estómago; por la ira con ganas de ir a patear a Doña lesbofóbia; por la culpa terrible del tonito aleccionador de personas conocidas sobre el “daño que le hacen a las niñas con su modo de vida”; por el trato humillante de la vecina que ostentosamente ni siquiera quería que la rozaran al pasar, mucho menos permitir intercambiar una palabra. Sobre todo, por la rabia que finalmente las sustentaba en donde estaban. Y, por lo que dolía la carita triste de una niña a quien amaban con toda el alma y el rostro lejano de Azul, que también miraba a distancia. Era realmente un hecho que las partía del todo.
Un día llegó Vaca, una gata que adoptaba su casa como maternidad y que parió cinco hijos feos y legañosos. Las niñas se desvivían llevándoles leche y croquetas, cobijas y mal cargando a los gatitos.
Cierta tarde, estaba ante la puerta un niño flaquito, simpático, de cabello amarillo paja, llamado Daniel. Pedía permiso de jugar con los mininos. Con cierta renuencia lo dejaron pasar. Al día siguiente trajo a Gabriela, su hermana pequeña, para que jugara con Luna y al otro día llevó a Patricio, su amigo, que también asistía a participar de los juegos. Por la tarde ya estaban todos los pequeños jugando a hacer pasteles de lodo.
Pasaron un par de semanas y entre seis gatos y cinco niños jugando esa casa ya estaba de cabeza. Entonces, las mamás tuvieron que apretar el rostro, tragar saliva, fajarse la falda y fueron a hablar con la mamá de sus huéspedes antes de que ese cariño de niños causara un nuevo dolor. Se alisaron el cabello, se tomaron de la mano, tocaron el timbre de la casa. Temblando un poco, fueron sentadas con interés en un sofá que les pareció gigantesco y, para su sorpresa, resultó que no había problema. Se trataba de una familia sensibilizada y sin prejuicio. La mamá de Daniel sabía de su preferencia sexual, fue una de las primeras informaciones que le dieron las bien intencionadas vecinas al mudarse a esa casa nueva.En la escuela, poco a poco retornó la calma y Maya hizo nuevas amigas.
La situación se transformó: Al llegar a casa apenas cambiarse de ropa las niñas, aparece Daniel tocando la puerta preguntando si van a salir a jugar. Todos los días hay que recordarle que primero tienen que comer, lavar los platos y hacer su tarea. Todos los días pone el niño expresión triste y se va a su casa esperando-desesperando para que den las cuatro de la tarde y sus amigas puedan jugar con él.Todas las tardes se puede ver a Daniel jugando a las muñecas con las niñas, bailando “El vaquero sexy” o haciendo la comidita. A veces ponen una alberca inflable en el jardín, o hacen maratones de baile o carreras en bicicleta.
Ahora, además, visitan la casa Pato, Gaby, Samantha, Marifer, Oscar, Alejandra y otros. Para hacerlo más fácil, las mamás, anuncian constantemente y a los cuatro vientos que son lesbianas y, por si alguien tenía dudas, gustan de besarse felices en el jardín al llegar o despedirse para el trabajo y, siempre, caminan por las calles tomadas de la mano. También aprendieron a platicar con los papás de los niños vecinos y saben ya a qué atenerse y hasta gustan de contestar algunas dudas.Se suman poco a poco otros niños al contingente de desastrosos. Pasteles de cumpleaños, piñatas, fiestas navideñas. Maya se ríe y brilla de nuevo.
A veces, la familia se encuentra con Azul por la calle y ella, si no viene su madre, aventura una sonrisa o un saludo rápido y triste. Por lo regular, Azul se recarga en la reja de su jardín mirando siempre desde ahí, sin poder acercarse. Azul. Herida abierta. Azul de media sonrisa. Es una extraña que está presente y muy cerca.
Esta tarde ocurre algo extraordinario. Maya está sentada en el jardín jugando con la gata. Llega Azul corriendo. Le arroja un oso de peluche y una carta, para después escapar a toda prisa. Maya lee y entra a la casa gritando victoriosa. Ríe y cuenta: Azul, a sus diez años de edad, descubrió que su criterio no puede ser el mismo siempre que el de su mamá; que quiere seguir siendo su amiga, aun cuando tenga que ser a escondidas y que el oso feo y un poco sucio que Maya mece en sus brazos, es un regalo para simbolizar esa amistad secreta.
Maya pasa casi una hora frente a la ventana haciendo saludos a la niña que desde otra ventana no deja de mirar. Tal vez pronto inventen un lenguaje de señas a distancia.
A Azul la mandan a comprar algo a la tienda y pasa frente a la casa de Maya. Las cuatro mujeres que conforman esa familia están ante la puerta, mirándola pasar. Cuando la vecinita cruza frente a la casa, les sonríe con complicidad. Les dice adiós con su manita y se va corriendo a llevarle el mandado a su mamá.
Cuando se hace tarde, cansada de jugar y con la alegría todavía vibrando, Maya se baña con su hermana Luna. Se envuelven en grandes toallas y bajan a cenar. Entre bromas y juegos, como casi cada noche, se les cae la toalla y terminan cenando desnudas. Las mamás tienen que perseguirlas por toda la casa.- ¡Que se van a enfermar. No entienden, niñas desobedientes!
Ellas, nalgas al aire, corren riendo sin dejarse alcanzar.
Y las mamás a grito pelado y risa ahogada:
- ¡Aunque sea, usen una camiseta para dormiiirrrr... ¡
- ¡Cuando menos pónganse calzooneees...!
Y, entonces, llega la noche para bendecir esa casa, nación disidente, en que habitan las hijas de una madres lesbianas, en toda su hermosa desnudez.
Luego, pasa a la recamara en donde sus dos mamás duermen despatarradas y encueradas en la misma cama. Procura hacer todo el ruido posible para que ese par de perezosas comiencen a entreabrir los ojos, se den un beso y se acaricien con los buenos días. Así comienza el ir y venir de las desnudeces en casa.Una madre no tiene ropa porque está a punto de bañarse, otra porque salió de la regadera, Maya no se puede vestir porque no encuentra su ropa limpia y Luna porque su mamá no viene a ayudarle.
Por fin, son diez minutos antes de las ocho y las niñas salen, ya vestidas, corriendo a la escuela. El jardín de niños y la escuela primaria están dentro de la misma unidad habitacional donde Maya y Luna viven, así que están ahí todos los vecinitos y las verdades inocultables de sus familias de origen. Por ejemplo, el que vive con una madre violenta; el que tiene un padre alcohólico; la familia que tiene problemas económicos y, el que, según murmuran en su desconocimiento, es el peor y más sucio de todos los casos: Las niñas que tienen unas mamás lesbianas, que, por cierto, son ellas.
Al principio era un rumor vergonzoso que corría entre cuchicheos y miradas suspicaces. Después, ante el descaro de esas mujeres que, sin pedir permiso a nadie, se atrevían a estar viviendo juntas, fue una sorpresa anonadada. Con el tiempo, el chisme fue perdiendo su sabor. Nunca se confirmó aquello de las grandes orgías que organizaban, ni ritos satánicos, ni las hijas aparecieron nunca descuartizadas. Es más, estaban al corriente en sus pagos de mantenimiento comunal y ni siquiera tiraban basura en la calle.
Las vecinas, tan bien interesadas en el suceder ajeno, comenzaron a ocuparse de temas más importantes. Por ejemplo, el de la señora de la tienda que le ponía los cuernos a su marido con el chofer de un microbús. Los compañeritos de la escuela se fueron acostumbrando a la idea de que para el diez de mayo ellas elaboraban dos regalos y eso era todo. Así, las hijas y sus peligrosas madres pudieron respirar tranquilas un buen tiempo.Hasta que…bueno, siempre hay un hasta que…un día llegó una niña nueva a la primaria. Se llamaba Azul: pícara, lista, desgarbada y desaliñada. Se ganó en un segundo el corazón y la amistad eterna de Maya. Además, resultó que era la vecina recién instalada en la casa cercana y eso las volvió inseparables. Azul comía, desayunaba, cenaba, veía tele, hacía la tarea e iba al cine con la familia de Maya.
Azul que vivía con su padrastro, su madre y un hermanito consentido, prefería estar en ese lugar donde no se gritaba, ni maltrataba, ni se le ponía al servicio del varoncito de la casa. Era el país de las mujeres que trabajaban, reían y parecían felices. Lo único raro que tenían era que gustaban de ver capítulos viejos de Xena en televisión. Lo que más le gustaba, era que le contaban que todas las niñas eran fuertes y guerreras, que podrían hacer en su vida todo lo que ellas soñaran. Ella decía que ir a esa casa era como visitar otro país. Nación en donde se sabía aceptada y querida. Un país con reglas distintas, pero que le agradaban.Un día: Azul y Maya estaban en los columpios, mientras las mamás y Luna jugaban un poco más adelante con una pelota.
Cuando el columpio volaba, Azul preguntó:
– ¿Qué es una lesbiana?Y Maya respondió:
- Lesbiana es una mujer que está enamorada de otra mujer.- ¿Tu mamá es lesbiana?
- Mi mamá es lesbiana.
- ¿La mamá de Luna es lesbiana?
- Es lesbiana.
- ¿O sea que… son novias?
- O sea que… son novias.
- ¡Ah!Siguieron columpiándose hasta que se hizo de noche.
Pasaron un par de meses poblados de carreras en bicicleta, congeladas de fresa y yogurt ante el televisor.
Un sábado por la mañana, Azul no llegó a desayunar. Todas pensaron que estaría enferma y esperaron. El domingo tampoco llegó. El lunes en la escuela no dirigió a Maya ni siquiera una palabra y secreteaba, como los adultos mal intencionados, con otras niñas. Mirando de lejos y dejando en el vacío ominoso a su ex amiga. A la salida entregó un papelito lapidario:
Mi ma ya me digo que tus mamás son malas y lla no me voy a juntar contijo por que me pueden aser algo adios
Maya perdió por muchos días su sonrisa, sus ojos no brillaban y miraba con la nariz embarrada en el vidrio de la ventana a Azul que jugaba en su respectivo jardín.
Las mamás pasaron por un ardor terrible en el estómago; por la ira con ganas de ir a patear a Doña lesbofóbia; por la culpa terrible del tonito aleccionador de personas conocidas sobre el “daño que le hacen a las niñas con su modo de vida”; por el trato humillante de la vecina que ostentosamente ni siquiera quería que la rozaran al pasar, mucho menos permitir intercambiar una palabra. Sobre todo, por la rabia que finalmente las sustentaba en donde estaban. Y, por lo que dolía la carita triste de una niña a quien amaban con toda el alma y el rostro lejano de Azul, que también miraba a distancia. Era realmente un hecho que las partía del todo.
Un día llegó Vaca, una gata que adoptaba su casa como maternidad y que parió cinco hijos feos y legañosos. Las niñas se desvivían llevándoles leche y croquetas, cobijas y mal cargando a los gatitos.
Cierta tarde, estaba ante la puerta un niño flaquito, simpático, de cabello amarillo paja, llamado Daniel. Pedía permiso de jugar con los mininos. Con cierta renuencia lo dejaron pasar. Al día siguiente trajo a Gabriela, su hermana pequeña, para que jugara con Luna y al otro día llevó a Patricio, su amigo, que también asistía a participar de los juegos. Por la tarde ya estaban todos los pequeños jugando a hacer pasteles de lodo.
Pasaron un par de semanas y entre seis gatos y cinco niños jugando esa casa ya estaba de cabeza. Entonces, las mamás tuvieron que apretar el rostro, tragar saliva, fajarse la falda y fueron a hablar con la mamá de sus huéspedes antes de que ese cariño de niños causara un nuevo dolor. Se alisaron el cabello, se tomaron de la mano, tocaron el timbre de la casa. Temblando un poco, fueron sentadas con interés en un sofá que les pareció gigantesco y, para su sorpresa, resultó que no había problema. Se trataba de una familia sensibilizada y sin prejuicio. La mamá de Daniel sabía de su preferencia sexual, fue una de las primeras informaciones que le dieron las bien intencionadas vecinas al mudarse a esa casa nueva.En la escuela, poco a poco retornó la calma y Maya hizo nuevas amigas.
La situación se transformó: Al llegar a casa apenas cambiarse de ropa las niñas, aparece Daniel tocando la puerta preguntando si van a salir a jugar. Todos los días hay que recordarle que primero tienen que comer, lavar los platos y hacer su tarea. Todos los días pone el niño expresión triste y se va a su casa esperando-desesperando para que den las cuatro de la tarde y sus amigas puedan jugar con él.Todas las tardes se puede ver a Daniel jugando a las muñecas con las niñas, bailando “El vaquero sexy” o haciendo la comidita. A veces ponen una alberca inflable en el jardín, o hacen maratones de baile o carreras en bicicleta.
Ahora, además, visitan la casa Pato, Gaby, Samantha, Marifer, Oscar, Alejandra y otros. Para hacerlo más fácil, las mamás, anuncian constantemente y a los cuatro vientos que son lesbianas y, por si alguien tenía dudas, gustan de besarse felices en el jardín al llegar o despedirse para el trabajo y, siempre, caminan por las calles tomadas de la mano. También aprendieron a platicar con los papás de los niños vecinos y saben ya a qué atenerse y hasta gustan de contestar algunas dudas.Se suman poco a poco otros niños al contingente de desastrosos. Pasteles de cumpleaños, piñatas, fiestas navideñas. Maya se ríe y brilla de nuevo.
A veces, la familia se encuentra con Azul por la calle y ella, si no viene su madre, aventura una sonrisa o un saludo rápido y triste. Por lo regular, Azul se recarga en la reja de su jardín mirando siempre desde ahí, sin poder acercarse. Azul. Herida abierta. Azul de media sonrisa. Es una extraña que está presente y muy cerca.
Esta tarde ocurre algo extraordinario. Maya está sentada en el jardín jugando con la gata. Llega Azul corriendo. Le arroja un oso de peluche y una carta, para después escapar a toda prisa. Maya lee y entra a la casa gritando victoriosa. Ríe y cuenta: Azul, a sus diez años de edad, descubrió que su criterio no puede ser el mismo siempre que el de su mamá; que quiere seguir siendo su amiga, aun cuando tenga que ser a escondidas y que el oso feo y un poco sucio que Maya mece en sus brazos, es un regalo para simbolizar esa amistad secreta.
Maya pasa casi una hora frente a la ventana haciendo saludos a la niña que desde otra ventana no deja de mirar. Tal vez pronto inventen un lenguaje de señas a distancia.
A Azul la mandan a comprar algo a la tienda y pasa frente a la casa de Maya. Las cuatro mujeres que conforman esa familia están ante la puerta, mirándola pasar. Cuando la vecinita cruza frente a la casa, les sonríe con complicidad. Les dice adiós con su manita y se va corriendo a llevarle el mandado a su mamá.
Cuando se hace tarde, cansada de jugar y con la alegría todavía vibrando, Maya se baña con su hermana Luna. Se envuelven en grandes toallas y bajan a cenar. Entre bromas y juegos, como casi cada noche, se les cae la toalla y terminan cenando desnudas. Las mamás tienen que perseguirlas por toda la casa.- ¡Que se van a enfermar. No entienden, niñas desobedientes!
Ellas, nalgas al aire, corren riendo sin dejarse alcanzar.
Y las mamás a grito pelado y risa ahogada:
- ¡Aunque sea, usen una camiseta para dormiiirrrr... ¡
- ¡Cuando menos pónganse calzooneees...!
Y, entonces, llega la noche para bendecir esa casa, nación disidente, en que habitan las hijas de una madres lesbianas, en toda su hermosa desnudez.
EL NUEVO MACHO ALFA
POR: LUIS MIGUEL BERNAL
Soy un macho alfa y no me cuesta trabajo decirlo. Sí, pero no soy el típico macho alfa. Ese que se cree rudo, altanero y dominante. El macho debe evolucionar al nuevo macho alfa y no ser ese ser retrógrado que ya no puede caber en tiempos de apertura, libertad y respeto. Un macho, como tal, es un ser altamente peligroso para la sociedad, puesto que sus ideas absurdas y dominantes, inseguras y tautológicas sólo empobrecen la visión de la vida.
Ese macho debe morir, lo debemos matar simbólicamente ya.
¿Pero qué coño es un nuevo macho alfa? ¿Quién? ¿De qué estilo?
Déjenme explicarles.
El nuevo macho alfa es aquel hombre capaz de expresar sus emociones, porque sí se las permite vivir, no las reprime sino que las explora. No quiere decir que siempre haya sido así, aún hoy muchas mujeres y hombres reproducen esa castrante idea de que los hombres no deben hacer caso a sus emociones y siguen educando a sus hijos varones bajo ese precepto. Por ende, el nuevo macho alfa trabaja y explora sus emociones, ya no las reprime ni las ignora, ha aprendido a identificarlas, nombrarlas, decirlas, compartirlas. Sabe que sentirlas lo engrandece y no lo reduce (como creía el retrógrado macho simplista, el antiguo "macho alfa").
El nuevo macho alfa no es ni machista, ni misógino, ni homofóbico. Claro que no. Es un hombre que cree en la equidad real, el respeto y la libertad absoluta. Jamás buscará dominar a su pareja, ni creerá inferior a otras personas por ser diferentes en orientación sexual a la suya o por ser mujeres. Jamás. Eso es de machos primarios, vergonzantes y de muy cortas ideas y visión tan reducida que ya da flojera si quiera, hablar con ellos y de ellos. En cambio, el nuevo macho alfa, jamas se ofendería o incomodaría porque su mujer gane mas que el o sea exitosa; al contrario, buscará exhortarla en todo momento para que crezca y realice sus sueños, cooperará en las labores del hogar, ya que no recurrirá a ideas añejas que decían que si barría, lavaba los platos o era cariñoso con sus hijos e hijas y su pareja se le caía el pene y "¡Oh que desgracia!" No, no, no, el nuevo macho alfa sabe compartir. Por ello, jamas, jamás, jamás, se ofenderá porque un hombre le diga que es guapo o le gusta y, respetuosamente, sabrá marcar límites (si es que los quiere marcar), mismos limites jamas serán agresivos, ni groseros. No hay por qué.
El nuevo macho alfa ya no tiene que ser heterosexual para ser alfa. Puede ser bisexual, homosexual, curioso, en fin.... como él quiera autodefinirse, identificarse o no. Hablamos de personas, no de sexos ni de con quien hacemos el amor. No se necesita "acostarse sólo con..." para ser alfa. Pensar eso es retrógrado.
El nuevo macho alfa sabe amar. Sí. Sabe que puede ser equitativo, expresivo, cariñoso y buscará expresarlo, verbalizarlo y actuarlo. Sabe que hay mucho más cosas que vivir que el sexo. Por ello, el nuevo macho alfa no piensa únicamente en coger. No reduce a las personas como meros objetos sexuales, es más claro en lo que quiere y siente.
Para tener sexo, es cierto, no necesariamente debe haber compromisos o estar enamorados. Claro que no. Es más que válido tener sexo sólo por placer; pero no es el único objetivo de su vida, ya que, a la larga sería un tanto estéril. El nuevo macho alfa, busca explorar su mente, sus emociones y su cuerpo, lo mismo que el de las otras personas que están con él. Podrá tener relaciones abiertas o cerradas, pero siempre será claro. Sabe que amar no es lastimar ni ser lastimado.
El nuevo macho alfa no teme hablar de sexualidad ya que empieza a saber que es algo natural y presente en la vida de todas y todos, y que reprimir, negar o callar no sirve de nada, al contrario, empeora todo. Por ende, ha reducido o eliminado sus prejuicios; sabe explorar el placer, que ya no sólo es propio, y compartirlo. Si llega a presentar algún problema sexual (disfunción eréctil, eyaculación precoz, etc), podrá hablar de ello y pedir ayuda.
El nuevo macho alfa se preocupa un poco mas por su salud y de las y los otras(os). No aguanta el dolor porque sabe que no es santo para aguantar martirios, ha aprendido que la vida no es aguantar, sino disfrutar y crear. No deja pasar síntomas de dolor, ni tiene prejuicios para checar sus problemas de salud más frecuentes como el cáncer de próstata.
El nuevo macho alfa no cree en el valentía como un sinónimo de ser hombre. Se sabe un ser con debilidades y flaquezas, con dudas, se sabe perfectible y en constante crecimiento.
El nuevo macho alfa no tiene que demostrar eternamente que es macho alfa. El antiguo macho (retrógrada) alfa debía mostrar ante todos y todas que era un verdadero macho, cogía con muchas e incluso con muchos (aunque lo negara), tomaba alcohol como desquiciado, (porque si aguantaba era más macho), era muy racional (según el) y cero emocional (como si se pudiera). El antiguo macho tenía que demostrar comprando cosas, dominando personas, controlando y violentado a su mujer, a homosexuales, a sus hijos e hijas para hacerse respetar (más bien para atemorizar y así ganarse docilidad de los otros).
Por eso es que el nuevo macho alfa no debe demostrar nada, porque no es más que nadie, es igual a todos y todas. Él es él, por si mismo. Él respeta, ama siente, se enoja, habla, escribe y está en cualquier parte, cualquier profesión, cualquier geografía...
El macho alfa no nace, se hace.
LLORA PETRA
- A propósito de la película Las amargas lágrimas de Petra Von Kant (1972) de Rainer W. Fassbinder
Llora Petra
porque estás sola
tu imperio de apariencias
se ha derrumbado.
Llora Petra
por ese amor que Karin
no te supo profesar
por haber sido usada
como una marioneta.
Llora Petra
desahógate porque
tu orgullo fue mancillado
porque no basta
con coser un gran traje
cuando el vacío del alma
es un torrente incontenible.
Llora Petra
muestra toda tu debilidad
no simules
ese dolor que te atraviesa
más allá de la piel
llora y tal vez tus lágrimas
restablezcan un nexo con el mundo.
Llora Petra
tienes el derecho
de ser elegíaca
en este momento de tu vida
las pequeñas certezas
sólo resucitarán
en la medida
que los espejismos
se transformen
en retazos de realidad.
Perla Schwartz








